El privilegio que garantiza el racismo

Posted: miércoles 4 de noviembre de 2009
Luciana Sanchez y Christian Gruenberg

En Argentina el aborto seguro es un privilegio de las mujeres blancas. No hay Rominas Tejerinas blancas. No hay Anas Marías Acevedo blancas. No hay muertas blancas por aborto clandestino. Hay violencia, hay violación, hay embarazo no deseado, sí. Pero no hay policía, no hay cárcel, no hay infección, no hay muerte. Un pacto de semen, como dice la antropóloga Rita Segato, tan blanco como el mismo semen, garantiza el acceso racializado a servicios clandestinos de aborto seguro. Y tres complicidades: la aplicación racista de la ley penal; la desigualdad racista en la distribución de los recursos, la propiedad, el conocimiento y el silencio de la gran mayoría de las mujeres blancas ante el femicidio de sus compañeras.

Ya en 1999 el Comité de la CEDAW recomendó "abolir las medidas punitivas impuestas a mujeres que se hayan sometido a abortos". Según el Ministerio de Salud de la Nación, quienes abortaron demoraron la búsqueda de atención médica por el estigma asociado al aborto. Sin esos prejuicios, hubieran salvado su vida 1000 mujeres pobres. Y otras 600.000 no se habrían visto obligadas a arriesgarlo todo.

En este país, hace más de diez años, que con el Misoprostol se pare, se aborta y se completan abortos de manera legal y sin riesgos. También se venden seis de cada 10 cajas de Misoprostol sin receta y circulan sobre el medicamento más fábulas que información. Frente a esta realidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos consideran esencial poner la información sobre el método correcto para abortos con Misoprostol en manos de las mujeres que la necesitan.

La línea "Aborto, más información, menos riesgos" se enmarca en estas recomendaciones, en un aporte de la sociedad civil al Estado, con el fin de reducir la mortalidad de embarazadas en un 75 por ciento como exigen las Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas para el 2015.

Los periodistas y el agua bendita.

Posted: miércoles 21 de octubre de 2009
Gustavo Bulla

Las expresiones respecto de los periodistas del director técnico del seleccionado de fútbol argentino tras la conquista de la cuarta y última plaza sudamericana para clasificarse al Mundial de Sudáfrica 2010 han convulsionado al ambiente mediático y eclipsado en los últimos días otros tópicos trabajados hasta la saturación por los medios de comunicación opositores al Gobierno, aunque no les falta razón a aquellos que creen ver aquí también otro capítulo de la misma disputa política.

Dieguito no se ha caracterizado a lo largo de su extensa vida pública por hacer declaraciones políticamente correctas, mucho menos luego de abandonar el deporte que sin dudas no sería el mismo sin su aporte de genialidad inigualable. Es que El Diego es El Diego por lo que nos regaló a los futboleros en el verde césped. Lo de afuera (las declaraciones, las contradicciones, los despelotes de su vida) agiganta el mito, pero nada sería igual sin los caños, sin las rabonas, sin las apiladas, sin esa zurda mágica, que no me las contaron, que no las vi por TV o en viejos videos, que tuve la suerte de verlas en la cancha y con mi camiseta de toda la vida en su pecho: es, ni más ni menos, el más grande jugador de fútbol del que fuimos contemporáneos.

Ahora que disparó contra los periodistas algunos parecen haber descubierto el agua tibia: no se ubica en su nuevo rol de DT de la Selección. ¡Chocolate por la noticia! ¿O las declaraciones con las que promovió la salida confusa de Riquelme de la Selección fueron apropiadas para su rol, o la botoneada con que hizo callar a Pipo Gorosito por bancar a Román sí lo fue? Pero claro, como el 10 de Boca es un tipo antipático para la prensa, entre otras cosas porque no da notas exclusivas a los periodistas –salvo cuando decide renunciar al seleccionado nacional–, todos miraron para otro lado. Los que viven de decirle todo que sí a Diegote, por supuesto, y los que no también.

Pero ahora Maradona se metió con la corporación periodística y eso no se perdona y seguramente no se olvidará. Esos seres extraordinarios, que a diferencia de los políticos, deportistas, dirigentes sociales y las masas, logran dejar de lado sus pasiones, sus intereses materiales y ejercen la objetividad con la que reflejan la realidad tal cual es...

Lo peor de esta disputa es que todos tienen razón: el periodismo –¿deportivo?– es en promedio tan pobre como las actuaciones del equipo dirigido por Maradona. Pero eso parece ya no importar. Ahora lo importante es el papelón internacional por las declaraciones groseras. ¿Cómo queda la imagen del país en los medios de todo el mundo? ¿Qué espera la FIFA –con perdón de la palabra– para sancionar a este maleducado? Y Grondona, en lugar de hacer acuerdos con el Gobierno, ¿por qué no se ocupa de poner en caja a este villero que pese a haber ganado mucho dinero, nunca aprendió a comportarse como gente bien?

Maradona deberá aprender la lección mediática: del Papa para abajo se puede meter con cualquiera, pero con los periodistas no, ni mucho menos con los dineros de las empresas periodísticas. ¿Qué es eso de sacarse una foto con la Presidenta al estatizarse la televisación del fútbol?

Con el encumbrado columnista de La Nación Carlos Pagni pasó algo similar, pero en el sentido contrario. La difusión de una cámara sorpresa por parte de un programa emitido por Canal 7 en la que el periodista presuntamente acordaba una operación de prensa fue motivo de todo tipo de consideraciones respecto de la validez periodística de ese tipo de materiales, del lugar del medio público que debería abstenerse de realizar ese tipo de operaciones, de lo que sin dudas constituye un nuevo ataque del Gobierno contra la prensa independiente.

Nada se ha dicho, casi se ha silenciado explícitamente la noticia desde los grandes y más influyentes medios de comunicación. La utilización de la información y la opinión para provocar consecuencias económicas, empresariales y políticas, no parece ser motivo de preocupación para una prensa siempre dispuesta a sobreactuar la indignación que produce la corrupción pública.

La discusión de la cámara sorpresa es un debate interesantísimo a la luz de eso que solía llamarse ética periodística. Pero no porque esta vez el sorprendido fue un periodista destacado de un medio importante, sino por la deslealtad que supone para el ocasional e involuntario entrevistado. ¿El método es aceptable cuando se trata de un sacerdote, un intendente o un inspector municipal, pero es execrable si se trata de un periodista?

Mientras tanto, y a la espera de que la Justicia se expida sobre este caso particular, no estaría demás que se produjera una reflexión pública, desde las facultades y carreras de periodismo, desde las asociaciones gremiales y foros de periodistas y desde los propios medios de comunicación, respecto de estas cuestiones.

¿El árbol formal de la filmación anónima puede tapar el bosque de la corrupción –lamentablemente– bastante generalizada de la profesión? ¿Alguien cree honestamente que los periodistas se bañan en agua bendita? ¿El periodista/empresario no es una degeneración del primero de los términos? ¿Se puede seguir utilizando el doble estándar para fijar posición editorial sin por ello dañar la credibilidad de los medios de comunicación? ¿En aras de conservar el salario un periodista debe abandonar sus más profundas convicciones? ¿Qué cosa estamos haciendo mal en la formación de los periodistas –me hago cargo de la parte que nos toca en la universidad pública– para que éstos y otros interrogantes incómodos por ahora no encuentren respuestas?

Casi con la misma unanimidad con que la corporación mediática le cayó a Maradona, lo protegió a Pagni. Entre otras cosas, para esto debe servir la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, para escuchar toda la polifonía de voces y para que los periodistas profesionales –no sólo sus patrones– también puedan gozar de la libertad de expresión.

Crusing

Posted: lunes 12 de octubre de 2009
"El fenómeno sociológico de la privacidad en público": así define Juan José Sebreli el cruising en su Historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires, esa predadora costumbre que consiste en buscar un compañero para un encuentro sexual esporádico, en general de manera anónima y sin ataduras, en lugares tales como plazas, parques, baños de estaciones o donde el olfato o el mapita de alguna guía gay nos indique. De ahí que el "yire" (tal la acepción rioplatense del término en inglés que fue acuñado como santo y seña de un comportamiento que es típicamente homosexual y cuyos orígenes se remontan a la antigua Roma) haya sido visto como manifestación del fenómeno de la flâneurie y de cómo caminar sin rumbo por el laberinto de la gran ciudad suele crear expectativas eróticas con sus posibilidades de contactos impersonales. Pero mientras el yire en lugares públicos era casi la única manera de reclutar y hasta degustar amantes en pocas pasadas (un fenómeno claramente vinculado con la cultura de baños), hoy es apenas una modalidad más, imbuida de un carácter furtivo que ha perdido toda impronta clandestina. De hecho, cualquier turista sabe —si se preocupa por hacerse de una guía gay de Buenos Aires— que los sitios de cruising por excelencia son la Reserva Ecológica (sobre todo los puntos de Av. Brasil y Av. Costanera, o Viamonte y Av. Costanera), así como también la palermitana Plaza Pakistán (enfrente del Hipódromo), en donde es habitual encontrar a hombres entregados a quehaceres sexuales con la interposición edénica ya no de una hoja de parra sino de alguna planta y/o arbusto. Suerte de magnetismo grupal que persiste, sin los rigores o las delicias de la intemperie (dependiendo de la época del año), en los ya míticos baños de las estaciones de Constitución y Retiro (hasta no hace mucho se yiraba también en uno de los baños de la Facultad de Derecho de la UBA), y que se conforma apenas con la ceremonia de miradas típica del cruising y con algún que otro levante callejero en el trecho de Av. Santa Fe que va de Callao a Ecuador (los bares El Olmo y Babieca son referencias insoslayables de este folklore), e incluso la calle Marcelo T. de Alvear, histórica parada de taxi-boys barriobajeros. Signos de que el cruising nunca respondió del todo a una lógica de encuentros fortuitos sino más bien a itinerarios prefijados (en otro tiempo, sotto voce), y que en una ciudad como Amsterdam cuenta con un parque que de la misma manera que tiene carteles que delimitan la zona de juegos para chicos y el lugar para pasear a las mascotas, hace lo propio con el lugar en donde decenas de gays se entregan al atávico placer de enfilar hacia los yuyos.

A ciencia incierta

Posted: lunes 7 de septiembre de 2009
Liliana Viola

La humanidad es así, apegada al error. Por ejemplo, se tomó sus buenos siglos para convencerse de que la Tierra no era plana. A pesar de las convicciones de Heráclito, Platón, Aristóteles y Alejandro Magno, entre otros, no fue hasta Copérnico y luego Galileo que la ciencia, el sentido común y los mapas se alinearon al nuevo paradigma. Protestando, pero lo hicieron. Curiosamente, la afirmación científica de que la homosexualidad no es un trastorno mental ni consecuencia de un rito iniciático ni de una mamá cariñosa, viene corriendo peor suerte que la de la redondez de la Tierra.

La mayoría de los psicólogos del siglo XIX y algunos del XX la consideraban una enfermedad. Figuraba en los manuales de psiquiatría donde se consignaban posibles causas y respectivas curaciones. Pero las investigaciones que siguieron se encargaron de desmentir estas ideas que en realidad estaban postulando a la heterosexualidad como Tierra plana de la normalidad. Tanto es así que en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) eliminó la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales y urgió a rechazar toda legislación discriminatoria contra gays y lesbianas. La Organización Mundial de la Salud se tomó su tiempo para reaccionar pero finalmente en 1990 retiró a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Aun así, muchos terapeutas continúan ofreciendo métodos curativos, y en muchos estrados, por ejemplo, los peritos siguen considerando al abuso sexual como fuente de conversión, de contagio, de caída. El abuso no es suficientemente execrable por el abuso en sí sino que se agrava por una consecuencia macabra: el niño se vuelve homosexual.

Durante esta semana, la causa por la muerte de Juan Castro volvió a ser noticia gracias a que Rubén Lescano, su ex psiquiatra —procesado por homicidio culposo— aseguró que el periodista había sido abusado sexualmente por su padre cuando era chico. El abuso habría determinado su homosexualidad, su homosexualidad habría determinado su adicción a la cocaína y su adicción a la cocaína habría determinado su lanzamiento mortal desde el balcón. Por lo tanto, el padre no estaría calificado como para iniciar ninguna querella, confirma su abogado, Ricardo Huñis. ¡Pobres los hijos homosexuales de un padre perverso, ya que ni siquiera tendrán derecho a que se inicie querella por su muerte!

La acusación, por si fuera poco, se asienta en declaraciones de cuatro testigos, entre ellos, médicos y psiquiatras, y fotografías en las que Hugo Atanor Castro "besaba en la boca a su hijo Juan". Sin palabras. No. Con más palabras, los medios transmiten la piedra del escándalo sin cuestionar en ningún momento el nexo entre una infancia abusada y una orientación sexual.

Porque si hay relación, cabe preguntarse: si detrás de un homosexual hay un padre violador, ¿ese padre es heterosexual u homosexual? ¿Será el eslabón violado en una larga cadena de abusos? ¿Será la heterosexualidad una impostura que se purga con descargas ominosas cada dos o tres generaciones? Juan Castro, pobrecito, parece desprenderse de todo esto, era un caso perdido desde el vamos: según el abogado, "en las audiencias indagatorias, Lescano contó que Juan había descubierto que su sexualidad no había sido una elección libre, ni de azar ni genética, sino producto de que había sido víctima de abuso sexual por parte de su padre, en los primeros años de su vida y en forma regular". ¿Y a Lescano no se le ocurrió en ningún momento sacar a su paciente de su error?

Por lo visto, retirar la palabra de las nomenclaturas no es acción suficiente, señores y señoras de la ciencia. Tal vez ya es hora de que los profesionales responsables de que el malentendido reaparezca en audiencias, consultorios, programas de chismes y casas de familia, salgan a aclarar las cosas. Hora de repartir globos terráqueos en las escuelas, para que ningún chico o chica piense que si sigue caminando mucho, se va a caer del mapa.

¿Tú entiendes?

Posted: domingo 16 de agosto de 2009

Flavia Company

Uno se va a España y de inmediato comprueba que, tal y como ya sabía, hay muchas palabras que se usan de forma distinta que en Argentina y que en la vida cotidiana suceden cosas tan inverosímiles como, por ejemplo, que la gente (con perdón) coge taxis y que hay señoras Concha que usan anteojos de concha (con perdón también).


Superada la primera impresión de escuchar que por todos lados hay gente cogiendo, llega un momento lingüístico más sutil, como si dijéramos un segundo estadio, que es el de la comprensión del uso de algunos verbos que, aparentemente, no encierran ninguna clave oculta. Es el caso del verbo "entender".


Si en España alguien te pregunta "si entiendes", no podés contestar "¿si entiendo qué?" porque, cuando esa pregunta se hace en abstracto, sin complementos de ninguna clase, lo que te están preguntando es, lisa y llanamente, si sos gay.


Hay diversas teorías sobre la procedencia de esa acepción del verbo entender. Tres de las que se barajan como más posibles son las siguientes:


Durante la época de la dictadura franquista, el verbo entender se empleaba para hablar de las relaciones amorosas secretas entre un hombre y una mujer. Tal vez de ahí se tomó el significado. Durante mucho tiempo las relaciones homosexuales en España fueron consideradas delito, primero tipificado en la "Ley de vagos y maleantes" (1954-1970), y después, a partir de 1970 (y vigente hasta 1978) en la de "Peligrosidad social". Quizás la necesidad de ocultación en defensa propia recurrió a ese término para que los miembros de la colectividad pudieran "entenderse" sin delatarse.


La tercera versión se refiere a la posible abreviación de la frase "entender latín". Está claro que sólo lo entienden unos pocos, especialistas, enterados, que constituyen una minoría selecta. Así, los que "entienden (latín)" formarían una elite con un estilo de vida determinado, un grupo homogéneo –nunca mejor dicho– y especializado, inaccesible al común de los mortales.


La cuestión es que el término "entender" como sinónimo de ser gay –hoy por hoy hasta el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española contempla dicha acepción– se ha generalizado en los últimos diez o quince años, a la par que se ha ido normalizando –con lentitud, dificultad y esfuerzo– la situación de las personas homosexuales desde el punto de vista tanto social como legal. Durante mucho tiempo, no obstante, fue una jerga empleada sólo en el "ambiente".


Como es natural, desconocer esa acepción del término puede dar lugar a divertidas –y a veces comprometidas– confusiones. Mejor estar avisado.

La princesa te condena

Posted: lunes 3 de agosto de 2009
Mauro Cabral

La mujer tiene dos nenes y una nena. Uno de los nenes pinta. El otro juega al fútbol. La nena es una princesa. Debe ser la misma nena que aparece más tarde, a la noche, en otra propaganda. Es una mujer adulta, y ha llegado a ocupar un puesto ejecutivo en alguna empresa, uno que le exige, al parecer, fastidiarse por teléfono con alguien. Entonces llega ella misma, pero de niña, a recordarle el pasado: ¿acaso no querían ser princesas? Claro, y el cartelito lo deja bien en claro: "Menganita, Princesa de Relaciones Públicas". La explotación televisiva de esta criatura se remonta, al parecer, hasta su primera infancia, cuando aparecía en una propaganda de shampoo. Ahí aparecía rodeada de niños de su edad que iban y venían haciendo cosas (uno hasta tocaba la batería). Ella no. Ella sonreía. Y aplaudía. Todavía no lo sabía, pero ya era una princesa.


La existencia de hombres asignados al sexo femenino al nacer no es aceptada con facilidad (a menos que la aceptación descanse en una presunta asignación errónea en el momento del nacimiento). A nadie que nazca sin un pito le están abiertas las puertas de la masculinidad, asegura la gente. La práctica de faloplastias recibe, en tanto, otro tipo de respuestas. La copia nunca será tan buena como el original, nos dicen. Y si no queremos ésa –o cualquier copia–, entonces en realidad no somos hombres.


La negación toma también otra forma. Nosotros seríamos el resultado directo del horror de aquellas niñas que sólo vislumbraban para sí un destino cruel de princesas. Obligadas a sonreír y a aplaudir mientras los otros juegan, obligadas a ser princesas mientras los otros pintan y patean pelotas, obligadas a ser princesas aun en el mundo del trabajo, rosadas e infantilizadas hasta el espanto. En lugar de subvertir ese destino de género, nosotros somos los traidores, los que nos pasamos de bando.


Una de las consecuencias más perversas de la conjunción entre sexismo y cisexismo es que las historias se cuentan sólo a dos voces, lo que es decir sólo a dos destinos. Si no es uno, entonces seguramente es el otro. ¿Cómo modular, así, las historias de quienes siendo niños usaban vestidos y no jugaban al fútbol? ¿Y qué hay de los presentes de quienes siendo hombres enfrentan todos los prejuicios del mundo sólo por ser esa clase de hombres? ¿Quién dijo que cambiar de sexo es una ganancia social, económica y cultural? ¿Quién se atreve? Sólo una sociedad ciega a sus propias jerarquías podría suponer que alguno de nosotros decida ser un hombre para que las cosas le vayan mejor en la vida.


Crecemos mirando por televisión destinos que no serán el nuestro, que no serán el de nadie. Esa es la función de los ideales regulativos que comemos con la manteca y tomamos con el vino, esos con los que nos lavamos los dientes, los que nos esparcimos por el cabello y la piel, los mismos con los que nos afeitamos y nos vestimos, los que nos eligen el auto, el trabajo, las vacaciones y la jubilación. Nada nos prepara para esa historia, que será la nuestra, abierta como un hachazo en el horizonte cerrado del género.

Recuerdos de provincia

Posted: lunes 20 de julio de 2009
Juan Valentini

Idealista de los que dan risa, romántico arrebolado, con la sensación de ser mucho más viejo de lo que era, llegué a Venecia a los veintidós años en junio de 1969. Había soñado diez años con los canales y los palacios decrépitos, había leído mil libros, tenía guías francesas de 1830, italianas de 1870, nicaragüenses de agosto de 1927: todo un intelectual de provincias. La hora en tren desde Vicenza fue como un viaje en ácido lisérgico. En Venecia se acabó. Fueron diez días horribles, de no ser por las derivas que me llevaban caminando a las zonas más modestas y aromáticas de la Vieja Hundida en Mierda para Siempre. Y por un europeo al que seguí una tarde en vaporetto, y después por un montón de calles y dos plazas, hasta que entró en un hotel. Yo ya estudiaba medicina, e Italia y Alemania, en ese momento más que Francia, estaban que ardían de movimientos estudiantiles. En Mestre encontré habitación. Me levantaba temprano, esperaba el tren, cruzaba el puente, me deprimía ni bien pisaba Venecia... Hasta que al noveno día entré al baño de la estación y salí con un teléfono y dos puntos de encuentro escritos en las palmas de ambas manos. No tenía miedo, ni vergüenza: estaba desesperado por acostarme con un chico. La suerte me puso a Enrico del otro lado del teléfono y del mostrador de una pensión espantosa que había a cincuenta metros de San Marcos. Como era la una de la mañana y en Venecia no hay noche y la gente se acuesta después de cenar por más que sea verano, hicimos el amor ahí mismo. Con decir que la campanilla del mostrador sonó dos veces por causa nuestra. Enrico: pelado, de ojos verdes, de mi edad o uno o dos años más grande, tenía esa suavidad de los italianos que lo hacía todavía más hermoso. Al día siguiente salía mi avión desde Milán. Una vez que le hice este relato a alguien la primera vez, no pude dejar de mentir. Año y medio antes de aquel viaje, martirizado católicamente, pero más todavía desbordado por las fuerzas mecánico-alquímicas que crepitaban como carne de bruja en la hoguera y bullían como alma de cristiano en el aceite infame de mi cuerpecito, decidí tener sexo con el primero del rubro 59 que me sedujese. El taxi boy no me gustó y yo, mártir entrenado, no dije que prefería escapar. Me fui halagado: no hubo manera de que me creyese que ésa era mi primera vez. Yo creo que porque puse mucho sentimiento en la cama. Y cómo no, si había crecido con la idea de que no tenía deseo y ese era el primer chico al que le podía decir que yo, a pesar de todo, sentía. Listo, ya está. Ahora todos van a enterarse.

Mñ: difícil de pronunciar

Posted: sábado 4 de julio de 2009
Nicolás Dojman

Lo que voy a contar no es una historia original, pero es la mía. No me acuerdo qué edad tenía porque siempre tuve un problema para fijar temporalmente eventos que tuvieron lugar en el pasado; 21, 22, 23. Yo estaba efervescentemente saliendo con Mñ y había depositado en él una amplia gama de sentimientos primaverales vinculados con el deseo y con el futuro. Mñ era mayor que yo y vivía solo, así que yo frecuentaba mucho su casa y solía pasar allí la noche. Era genial: su departamento quedaba cerca del Botánico y siempre me encantó pasear por ahi a la mañana y leer un libro a la sombra de los muchachos en flor. En mi casa, mientras tanto, el estado de cosas no era idílico. Mis prolongadas ausencias despertaban resquemores y sospechas, y yo me veía constantemente obligado a urdir toda serie de excusas. Como mi hermano vivía fuera del país, había egresado de Puan, era más grande que yo y siempre había mostrado cierta tendencia a la liberalidad sexual, le conté todo por messenger. No pareció sobresaltarse y su naturalidad me hizo pensar que quizás no todo estaba perdido. Me conminó a contarle todo a mis padres, una suerte de deber moral. Así lo hice, un día que mi padre había ido a sacar al perro que teníamos entonces. Mi madre estaba viendo El refugio de la cultura. Me planté en el umbral y le dije algo así como "Tengo que contarte algo". Lo que siguió después lo tengo totalmente reprimido. Sí recuerdo los insultos de mi madre. Me los reservo, por decoro, pero me recordó a Linda Blair. Se puso a llorar, yo huí y me refugié en la cocina a leer un libro de Cocteau. Mi padre llegó y mi perro movió la cola; la sexualidad de sus dueños le resultaba indiferente. Hubo un breve conciliábulo entre mis padres y Osvaldo Quiroga, y luego mi padre se me acercó a la cocina y me dijo: "Disculpala a mamá, vos sabés cómo es" (mi padre se estaba refiriendo a los orígenes italianos de mi madre y lo que tienen de temperamental, frente a los nuestros, nórdicos y calculadores). "Dale unos días", y me dio unas palmaditas como si fuera el perro. De alguna manera me hizo bien. Y en efecto, el tiempo probó ser el único que consuela, como dice Voltaire. De todos modos, en mi casa no se suele hablar del tema; una vez, mi madre sí mencionó que había superado el asunto porque su psicóloga le había dicho que ésa había sido mi elección. Como si hubiese habido un momento en mi vida en el que, puesto ante una encrucijada, hubiese optado racionalmente por una alternativa en lugar de otra.

Entrevista Carmen Barroso. Lider salud sexual y reproductiva

Posted: sábado 20 de junio de 2009
Cada 5 minutos una adolescente es madre

La experta brasileña, que participó en Buenos Aires de un foro internacional sobre derechos sexuales, advirtió sobre las dificultades de los jóvenes pobres de acceder a información para evitar un embarazo o prevenir enfermedades.


Mariana Carbajal

"Una joven pobre que es condenada a ser madre precozmente está condenada a perpetuarse en la pobreza", advirtió ayer la brasileña Carmen Barroso, reconocida líder en el campo de la salud sexual y reproductiva y directora regional de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF). "Cada cinco minutos una adolescente se transforma en madre en la Argentina y generalmente un adolescente varón es el padre", agregó, al tiempo que exhortó a levantar los obstáculos que impiden que todos los jóvenes en el país tengan educación sexual en las aulas y acceso a información y a métodos anticonceptivos en los servicios de salud. Barroso cerró así un foro con especialistas internacionales que se realizó en Buenos Aires, en el que se analizaron los obstáculos que enfrentan jóvenes en Latinoamérica para ejercer sus derechos sexuales. En ese marco, se presentó al Servicio de Adolescencia del Hospital Argerich, de la ciudad de Buenos Aires como un modelo de atención "amigable" a los adolescentes por ser "respetuoso de su autonomía", saber escuchar sus dudas y sus problemas, interpelarlos como "sujetos de derecho" y tener una visión de la sexualidad "responsable" y "placentera" (ver aparte).


La IPPF es la voz más fuerte a nivel mundial en materia de promoción y defensa de la salud y los derechos sexuales y reproductivos en todos los continentes. Barroso encabeza la oficina del Hemisferio Occidental de la entidad desde 2003, cuya sede está en Nueva York. Es conocida por su ferviente defensa del derecho de la mujer a decidir y a tener acceso al aborto seguro y a la reducción en el riesgo del aborto inseguro. Ayer, en una conferencia de prensa, afirmó que "el derecho a la interrupción de un embarazo no deseado es también un derecho sexual" y, como tal, parte de los derechos humanos.


Barroso fue una de las expositoras del Primer Foro Latinoamericano sobre Jóvenes: autonomía y confidencialidad, que se desarrolló entre lunes y martes en Buenos Aires. Al finalizar el encuentro, dialogó con Página/12.


–¿Qué obstáculos encuentran los/las adolescentes para acceder a servicios e información en salud sexual?


–Tenemos un problema muy serio en Latinoamérica. Las desigualdades que vemos en la región son aún mayores entre los jóvenes. Y los que son pobres tienen más dificultades para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva. Tienen barreras internas y externas. Las externas son las más poderosas: son las instituciones que no les dan atención. Los hospitales, las clínicas, los servicios están preparados para atender a adultos y no a los jóvenes. Al mismo tiempo, vemos que en la mayoría de las escuelas se demora la llegada de una educación sexual integral.


–¿Es un patrón regional?


–Sí, un patrón latinoamericano. Las consecuencias de esta situación son muy serias, entre ellas el embarazo no deseado, la maternidad precoz. En la Argentina, cada cinco minutos una joven menor de 20 años se convierte en madre. En 2007 se produjeron un total de 700.792 nacimientos, de los cuales el 15,6 por ciento correspondieron a menores de 20 años. Son 106.720 nacimientos de madres de 15 a 19 años y 2841, de menos de 15 años.


–Entre las más chicas seguramente hay muchos casos de abuso sexual.


–Sí, pero entre 15 y 19 años no necesariamente. El problema en la mayoría de los casos es que las niñas tienen novio y no tienen información o recursos para protegerse de las consecuencias de una relación sexual, para evitar un embarazo y las enfermedades de transmisión sexual. Este panorama prevalece, pero estamos viendo que hay una nueva conciencia de los poderes públicos, de la sociedad, de que hay que cambiarlo. Hay que establecer políticas públicas para que llegue finalmente la educación sexual a las escuelas, los medios masivos también tienen que contribuir a ofrecer buena información.


–Algunos médicos no quieren atender a adolescentes si no van acompañados por sus padres.


–Es parte de una cultura que no considera a los adolescentes como sujetos de derecho, como establece la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Son sujetos de derecho y deben ejercerlos a medida que su capacidad de decisión se desarrolla. Hay un conflicto entre los valores del Código de Etica Médica, como es el secreto profesional, y algunas legislaciones que exigen a los médicos que denuncien casos de aborto, cuando una mujer llega a atenderse a un hospital con un aborto incompleto. El secreto médico los ampara para no denunciarla. Otro obstáculo que observamos es el desconocimiento de los pacientes jóvenes, que no saben que tienen derecho a la confidencialidad de la consulta. El adolescente puede temer que el médico les revele a sus padres si pide anticonceptivos.


–En España, sectores de derecha cuestionan fuertemente un anteproyecto de reforma legal que establece que las menores de 16 años no tengan que ir acompañadas por sus padres para acceder a un aborto. ¿Qué opina?


–En Estados Unidos, en los estados donde se exige que vayan acompañadas por sus padres para acceder a un aborto, las adolescentes prefieren ir a otros estados en los que no existe ese requisito. Entonces, realizan el aborto más tarde, con mayor riesgo por no tener acceso inmediato. No hay que crearles más riegos a los adolescentes, poniendo su salud y su vida en riesgo.


–En la región hay un contexto de gobiernos que se definen como progresistas. Sin embargo, ninguno impulsó el debate por la despenalización del aborto. ¿Cómo explica esta situación?


–El progresismo no es homogéneo. Puede haber progresismo en algunos aspectos y en otros no. El peso de la tradición conservadora en asuntos personales persiste. Lula ha dicho varias veces que el aborto es un problema de salud pública, pero no ha hecho nada, porque más fácil es no hacer nada.


–¿Cómo juega la jerarquía de la Iglesia Católica?


–Desgraciadamente la Iglesia Católica todavía está en el siglo XIX y se opone vigorosamente a cualquier liberalización.

A sus marcas. Jeans solidarios

Posted: jueves 4 de junio de 2009
Levi's cotiza alto en el ranking de marcas gay-friendly y no sólo por el calce de sus jeans, por cierto. A sus donaciones hechas para luchar en contra de la proposición 8 en California, ahora se le suma una campaña cuyo objetivo es recaudar medio millón de dólares para el Hetrick-Martin Institute, el hogar de la Harvey Milk High School que les da cabida a adolescentes del arco lgbtti en situación de vulnerabilidad social, muchos de ellos provenientes de hogares homofóbicos. Un trabajo de contención que es sinónimo también de excelencia académica: la escuela tiene niveles de rendimiento entre sus alumnos que son muy superiores a la media de los colegios de Nueva York, ciudad en la que se encuentra. Algo muy meritorio en razón de que estxs chicxs estarían en riesgo de exclusión social si no hubieran accedido al instituto. La campaña se llama Give Them Hope (Dales esperanza) y Levi's planea prolongarla hasta noviembre próximo.

¿Soy lo que qué?


Lo primero que aparece es la música. Es inconfundible aunque ahora suene con ritmo de rock; la letra es la misma: "Soy lo que soy". Hasta el más distraído sabe que se trata de una canción que popularizó por estas tierras la Sandru de Sandra y Celeste, que era el tema principal de La jaula de las locas y que es un himno de la diversidad sexual. Quienes pergeñaron esta publicidad de Sprite también lo saben, no por casualidad la titularon "Marcha".


En las Marchas del Orgullo se suele cantar a coro esta canción por lo menos mil veces. Pues bien, en el comercial también se ve una marcha, sólo que la inicia un individuo que decide hacer footing por las calles de su ciudad y que a los ojos de otros personajes, vale la pena seguir. No son muchos, tal vez por razones de presupuesto o por falta de imaginación a la hora de buscar disfraces. Pero la marcha los lleva a cruzar un puente que los saca del lugar donde viven.


En la línea conceptual de la marca que se sintetiza con la frase "qué bueno es vivir como esta gente", la gaseosa entona su canto a la diversidad, pero se cuida muy bien de que no haya por aquí ninguna travesti, ningún gay, ninguna lesbiana, ningún arco iris. Y si lo son, que no se note. Los personajes que marchan son estereotipos de lo ridículo. Un manojo de grandotes boy scouts, unos tipos que trabajan disfrazados de animales, una pareja de policías motorizados, una señora loca por sus mascotas, una chica linda. ¿Y la diversidad entonces era esta jaula de personajes que se unen porque están estereotipados? En la Marcha del Orgullo también hay espíritu de disfraz, pero responde a un sentido político. Y he aquí el colmo: de pronto, por si había dudas, la cámara se posa en dos personas que se besan. (Siempre hay besos en la otra marcha.) Pero, oh casualidad, el beso se produce entre un chico y una chica. Extraña apropiación de un himno para diluirlo en unas burbujas de gaseosa. Es verdad, muchas veces la diversidad es vista como ridícula. Pero en este comercial lo ridículo es visto como diverso, que no es lo mismo.


Remeras preventivas


Decir que el sida se viste a la moda sería errado, cuando no equívoco. Ni esnobismo ni frivolidad. No. Espíritu solidario y afán de concientizar es lo que incentiva a la cadena sueca de tiendas de ropa H&M (Hennes & Mauritz), el segundo grupo textil más importante de Europa con 1700 negocios repartidos en 35 países, a unirse por segundo año consecutivo con la agrupación Designers Against AIDS para lanzar una línea de remeras diseñadas por artistas de renombre, cuyos beneficios serán donados a la lucha contra el sida. Diseños de las Tokio Hotel, Yoko Ono, Katy Perry, Cyndi Lauper, Robyn, Ditta Von Teese o los Dangerous Muse podrán conseguirse en las tiendas de H&M o por Internet a partir del 28 de mayo bajo el lema "Fashion against AIDS". Y de paso que se contribuye a tan noble causa, llevarse a casa una remera de diseño chic.


Galletitas recién salidas del closet


El afiche en la calle no puede pasar inadvertido. Con letras bien grandes dice: ¡ME HICE TORTITA! Quien lo afirma es una simpática caricatura de galletita con cara de contenta, está dando una buena noticia parece. Da risa, da sonrisas (con perdón de las competencia), da intriga e inspira ternura hacia la tortita. La galletita Pepitos está feliz con lo que parece ser una declaración, una epifanía, salida del closet. Y eso es todo. Dan ganas de celebrar el candor de este chiste que luego, comprobamos, no tiene nada que ver con que la galletita se haya hecho lesbiana. Es que ahora tiene más relleno y digamos, exagerando, se transformó en tortita. No torta, que sería mucho, sino tortita que además suena más cariñoso.


En la versión que da el spot publicitario, orientada claramente al público infantil consumidor del manjar, vemos a la galletita sufriendo una serie de accidentes, siempre cae al piso, o sea, se hace torta. Se levanta contenta ahora con su panza chocolatada y dice: "Me hice tortita". Doble sentido que, de no haber sido buscado, está clarísimo que no fue evitado. Una contribución, subliminal si se quiere, a simpatizar con las tortitas. Y más si se tiene en cuenta que viene de una galletita llamada Pepitos, que en un universo de tantas Melbas, Titas, Mellizas y Duquesas ha ostentado ese nombre masculino sin hesitar. Si bien no es cuestión de buscarles el sexo ni el género ni la identidad a todos los paquetes, suena rico.

Recordando a ¿Julia?

Posted: jueves 14 de mayo de 2009

Marian Pessah

Nos vimos sólo una vez. No era un sábado cualquiera, por esa razón yo había hecho varios kilómetros para participar del evento. La fecha era clave y la ocasión lo pedía. Mi tercer ojo se empezaba a despertar y desenfundé la cámara con la intención de inmortalizar sensaciones. No pensaba que esas fracciones de segundo podrían morir, tampoco en la unicidad del momento, del instante preciso. Preciosa su sonrisa.



Bajé del tren con la urgencia de recordar la ciudad, sus calles, olores. Hacía varios años que no volvía y mucha agua había pasado debajo de sus puentes. También de los míos. Redescubrí sus árboles, sus casas. Sus nuevos aromas. ¡Su perfume!



Algunos días después, al bajar las fotos en mi computadora, la volví a ver. Ella sonreía junto a aquellos árboles, avenidas y ríos. A veces mi cámara, o mi compu, se comportan de una manera muy extraña y mezclan las imágenes. Intercambiamos algunas palabras, pocas. Intenté preguntarle su nombre, pero en ese mismo momento, alguien también hablaba. Unos minutos más tarde, reiteré la pregunta. Tampoco hubo respuesta. Supuse que no tendría importancia. Llamémosla Julia.



Ese sábado, estoy segura, a Julia y a mí nos corrió la misma energía por el cuerpo. Vuelvo a comprobarlo en su mirada. Retuve su sonrisa como una gota que se ataja en el aire, pero luego se resbala por los dedos. Hay momentos que se registran y otros que corren, húmedos, entre los dedos.



En el instante en que yo caminaba a su lado estiró una palabra:



–Aaadióooos.



Me sorprendí de mí misma, yo pasaba distraída y no la vi. ¡¿Cómo pude no haberla visto?! Si ya habíamos intercambiado unas palabras. Yo le había pedido un cigarrillo y ella había ido a buscarlo, especialmente. Me paré tímida, junto a ella. Compartimos un silencio tensamente deseado. Como la luz del sol que se escondía tímidamente dando paso a los faroles de la noche.



Anoche tuve un sueño. Volvía a tener el pelo largo. ¿Esta vez sería Sansón o Dalila?



Miré al cielo y vi la luna, redonda, imponente. Varias sensaciones volvieron a mi memoria, a mi cuerpo. Recordé el momento que bailábamos, al lado del fueguito y por una décima de segundo, sentí sus ojos clavadísimos en los míos. Fue eléctrico. Me sentí desnudada en la pasión que sentía.



Hoy, lejos de ese sábado, en ciudades diferentes, me queda su imagen en medio de la naturaleza. Retengo un nombre incierto y me pregunto si podría correr a su lado, por la playa, en libertad, como las mujeres azules de Picasso.

El discurso del narcotráfico sirve para criminalizar todo

Posted: lunes 4 de mayo de 2009
Gabriela Polit Dueñas analiza las representaciones culturales del narcotráfico en Latinoamérica

Entre la filosofía, la ciencia política y la literatura, a Gabriela Polit Dueñas la desvelan el poder y sus formas. Específicamente, el poder narco y las narrativas del universo violento. Aquí explica cómo se construye y lee el narcotráfico, qué se dice cuando se habla de narcos, cómo se representan culturalmente esas violencias.


Por Soledad Vallejos


–¿Por qué ir a Sinaloa?

–Quise ver cómo funciona el campo cultural: qué significa escribir, qué significa ser artista en una ciudad donde sales y ves muertos en la calle. Me topé con una ciudad donde el nivel de violencia está tan naturalizado y es tantísimo que puede haber un patoterito en la calle, que normalmente alguno le diría "salí de acá" y nadie le dice nada. Todo el mundo les tiene temor. Imponen una forma muy violenta de actuar y la gente la tiene muy naturalizada. Chicos de la universidad me llevaron a dar un tour, me decían: "Maestra, éste es el narcotour", como chiste pero...


–Esos chicos tal vez nacieron cuando ese mundo no existía.

–No es tan así. En México la producción de marihuana y heroína existía ya en el siglo XIX: campesinos que lo hacían como un ingreso extra, no en tanto actividad super delictiva.


–Pero el mundo narco no es lo mismo, ¿no?

–La palabra narcotráfico se acuña en el '50 y pico. Antes de eso el que cultivaba amapola era un gomero (lo que sale de la amapola es como una goma, sale una bola y tienes que hacer determinado proceso del cual sale la morfina y si sigues un poco más sale la heroína). Hay prácticas residuales que vienen de ahí. Los chicos, mis alumnos, decían con cierta naturalidad, por ejemplo, "mi abuelo sembraba mota –que es marihuana– y fumaba". O "en los '70 el negocio de mis tíos anduvo mal, entonces mi tío por una época hizo una carga para despuntar el negocio". La situación ha cambiado y ahora ya no hay cómo hacer eso. Pero empieza a haber un discurso que lo criminaliza y a partir del cual cambia. Hay hechos históricos que lo convierten en esto que vemos: primero, en los '70, hubo una Operación Cóndor en el norte, en México, que fue lo que siguió a la matanza en Tlatelolco y estuvo a cargo del mismo grupo militar. Esa zona, por entonces, estaba muy bien organizada en sindicatos, organizaciones gremiales, había un movimiento estudiantil, entonces se reprimió ese sector y también las siembras de marihuana. Fue la primera vez que hubo una incursión del ejército con miras a acabar con las siembras. De hecho, los grupos dedicados al negocio ilícito sufrieron un bajón enorme. Pero en la década siguiente, o sea un par de años después, repunta el negocio con un mercado de cocaína que había crecido enormemente en el norte, con los colombianos que ya no podían ingresar la droga por Miami y empiezan a usar la frontera, con un know how que venía desde mucho antes. Piensa que México es un país con un estado único, en el que no se puede pensar cómo se van armando los grupos dedicados al negocio ilícito si no se contempla la estructura de poder que le va sosteniendo, no como soporte pero sí que le va marcando pautas. Quiero decir que no se puede pensar en mafias sin una relación con el poder, y que allí era centralizado. Lo que sucede ahorita en México es que ese poder único y centralizado que era el PRI, se está fragmentando, multiplicando y democratizando. En Sinaloa hay, primero, una memoria muy traumática de la Operación Cóndor, porque fue un desastre en derechos humanos, sobre todo en las zonas rurales. Y después esto hizo que se reciclara la diversificación del poder político a partir de los '90: también sucede al interior de los grupos dedicados al negocio ilícito, porque ahora quieren cooptar la cocaína que empieza a venir de Colombia. En Colombia, en cambio, está Pablo Escobar, que buscaba el monopolio de la cocaína a nivel mundial. Los grupos dedicados al negocio ilícito resurgen mucho más armados porque saben que es mucho más difícil meter la droga pero que, por tanto, se vuelve un negocio mucho más rentable. Entonces, acotando: ésta es la situación de México, donde me concentro en Sinaloa, y me voy acotando a Culiacán, que es una ciudad de 20 mil habitantes, todavía con un referente muy rural y donde todo el mundo tiene un pariente, un amigo, el amigo de un amigo, alguien vinculado con ese mundo. Quiero decir que no es una realidad ajena.


–La presencia de lo narco atraviesa toda la experiencia cotidiana.

–Sí, la violencia está naturalizada, pero no en ver el muerto en la calle, sino en otras formas muy sutiles de violencia.


–¿Como cuáles?

–Es una ciudad donde vas al mall y dices: "¿Cómo en esta ciudad hay Versace?" Ves un parque automotor alucinante, muchachitos de 18 años manejando una Hammer con música a todo volumen, que se estacionan y corchan una calle... ¡y nadie les dice nada! En ese sentido hay un código que ellos van imponiendo. Pero hay además una industria cultural alrededor: en términos de la ropa, del diseño, del santo que adoran, que te compras el llaverito de un peso pero también en Los Angeles venden el llaverito con diamantes por 10 mil dólares. Creo que mismo el trabajo de los sociólogos, o el mío, es parte de una producción cultural que va acompañando todo esto. De manera que eso es México. Y lo que a mí me interesaba ver era cómo se hace. Es impresionante: hay un centro de cultura parcialmente financiado por el Estado de Sinaloa, y la ciudad tiene una oferta cultural alucinante. Hay conciertos, talleres, teatro, todo porque los intelectuales y los artistas estamos en Gramsci: o sea, el intelectual orgánico que quiere crear un espacio en que la cultura sea otra cosa. No en términos de clase pero sí de incorporar a los jóvenes a referentes que sean un poco distintos.


–¿Funciona? ¿Hay respuesta a esa oferta?

–Los talleres están siempre llenos y la gente trabaja a full. En Medellín, en cambio, es distinto, porque la historia de la droga en Colombia en distinta. Allí empieza a finales de los '60, cuando los grupos de los cuerpos de paz llegaron a la zona del norte de Colombia, a La Guajira, y al parecer ellos mismos trajeron la marihuana, o había cierta marihuana local y se empieza a producir la mejor marihuana del mundo, la Santa Marta Golden. Y claro, La Guajira siempre fue un departamento con cierta cultura del contrabando, del traficar –no olvidemos que está allí la frontera con Panamá– cigarrillos, electrodomésticos... Comienza allí el tráfico con la marihuana, y enseguida empieza la cocaína. La cocaína se vuelve prohibida a partir de los '20. Claro, había un montón de gente de Perú vinculada con esa industria y que de pronto se queda como ilegal, con lo cual muchos de ellos empiezan a traficar. Fue Chile, según cuenta Paul Gootenberg en Andean Cocaine. The making of a global drug, el puerto de salida. Pero con Pinochet se corta todo. Entonces en ese rato Colombia, que había vivido una profunda depresión económica, en realidad un país industrializado, muy rico y con una ubicación geográfica súper privilegiada... empieza a ser un lugar donde circula. Pero en Colombia históricamente no hay producción de coca, los productores son Perú y Bolivia. No había plantas de coca, que fueron muy controversiales desde la época de la colonia, porque los españoles se dieron cuenta de que era un montón de cosas: entre los aymaras, los del Alto, los quechuas, es fundamental a su estructura organizacional, a su sistema de valores, de creencias. Pero claro, como hay minas en Perú y Bolivia, los españoles no quieren eliminar la coca... En Colombia, en cambio, la producción de coca no es una cuestión ancestral, histórica: es totalmente nueva y ahora el país es uno de los principales productores.


–¿Se tomó deliberadamente la decisión de montar una industria?

–Exactamente. Entonces es interesante ver cómo el fenómeno del narcotráfico en Colombia, que es un país con una historia de violencia muy larga, pero en donde el narco irrumpe y se vuelve la explicación de todas las violencias. Recordemos que es algo armado ad hoc. Eso hace que también en su representación aparezca de esta forma. Se empieza a hablar de narco en los '80, porque Pablo Escobar, que ya quería ser quien dominara el mercado mundial, pone a su mano derecha en un partido local para las elecciomes como suplente, y ahí la elite política empieza a reaccionar. (Al respecto hay novelas, como Delirio, de Laura Restrepo, donde algún personaje plantea que la clase alta se mantuvo en el poder pero la plata ya no venía de sus industrias o de sus tierras sino del narcotráfico. Había mucha plata. Y también una novela preciosa, Cartas cruzadas, de Darío Jaramillo. Esos textos son del 2004 y 1994.) Pero entonces el ministro de Justicia de Belisario Betancur dice "mi misión como ministro es acabar con el narcotráfico y vamos a extraditarles". Hay muchas versiones, pero se dice que se juntaron los narcos de las diferentes zonas y que fue decisión de Escobar, al parecer, matarle al ministro. Y dicen que fue el error de Pablo porque a partir de eso no había diálogo posible. Así empezó la peor época en Colombia y lo que se llamó el Cartel de Medellín. Los chicos que matan al ministro son dos muchachitos de las villas, de las comunas como se dice allá, y empieza a circular el término sicario. Entonces hay una superproducción de lo que se llamó la "sicaresca", sobre todo en cine (por ejemplo con la película de César Gaviria, Rodrigo D. No futuro). Y hubo muchas novelas, muy malas muchas, pero no todas (La Virgen de los sicarios de Fernando Vallejo es de esa época).


–Pero el sicario repele tanto como fascina, tiene cierto glamour.

–Sí, porque además, en las novelas cuando aparece está sumamente erotizado. Es una ambigüedad, porque el drama de mucha literatura latinoamericana ha sido cómo representar al otro, es esta pregunta constante en Latinoamérica acerca de quiénes somos. Acá la complejidad es: ¿cómo representas a este que además es un asesino, y que es un asesino a sueldo? En mucha de la literatura que surge como crónicas, el muchacho éste aparece diciendo: "lo mío es un trabajo, cobro de acuerdo a quien tengo que matar, si es un juez tengo que cobrar mucho, ojalá no me toque una señora y un chico cualquiera". Pero son relatos que aparecen, ¿no? Por otra parte, que sea el sicario el que se convierte en la cara del fenómeno dice mucho. Mirar desde lo cultural el tema del narcotráfico me permite, primero, comparar lo distinto que es. Porque todo el mundo dice México y Colombia son parecidos, o cosas como "ahora se vive la colombianización de México", y creo que lo cultural justamente apunta a señalar las profundas diferencias que tiene el fenómeno en cada lugar, porque la construcción tiene que ver con personajes locales, con idiosincrasias locales, con estereotipos locales. Y ahí vas viendo cómo la historia es totalmente distinta.


–Además de las noticias aquí también llegaron productos colombianos, como la telenovela Sin tetas no hay paraíso, el libro de la amante de Pablo Escobar...

–Es que esa representación que mencionás es justamente la que más éxito comercial tiene, son como las noticias a lo Hollywood, que nos hacen pensar que el narcotráfico es una industria a súper escala... pero eso es lo que se consume masivamente en el mercado. En muchos lugares, hay prácticas locales que son viejas, residuales, y hay memorias, como esto de las zonas de contrabando histórico y que es una cultura parte de la sobrevivencia. No se trata de un acto super delictivo para ellos. Ahora, el estereotipo de esta literatura hiperrealista nunca muestra primero estos matices, y además es muy fácil clasificar al posible criminal, cuando para que exista una empresa de narcotráfico tienes que tomar en cuenta los dos lados: el poder y... dónde se lava la plata. Por otro lado, se suma que actualmente hay cierta necesidad en la gente no de consumir literatura o cine sino de consumir lo real: es como la página de sociales, un "a ver qué dice la mujer de Pablo...".


–Son productos tan rentables que forman parte de la oferta de los grandes grupos.

–Hay una industria cultural que lucra con esto. Y también la industria académica, que vengo a ser yo, aunque no lucro. En México la industria del narcocorrido es enorme, y en Sinaloa, por ejemplo, los intelectuales locales tienen una relación muy ambigua con eso. Por un lado, hay cosas que están ahí desde siempre: los corridos y la exaltación a este varón macho que todo lo puede, que finalmente es la cultura norteña. Pero eso, que está ahí va degenerando en otras formas mucho más violentas, donde aparece este tipo diciendo que si mato es porque todo lo puedo. La industria es muy fuerte y lucra mucho. Entonces las producciones culturales propiciadas por los intelectuales, con esas salas y centros culturales, no tienen un sesgo clasista o moralista, es sencillamente una resistencia a ese impacto industrial y comercial. Lo mismo pasa en Colombia: mucha gente se queja de estas novelas, ¿pero cómo es posible que la vida de este tipo de pronto se vuelva un best seller? Genera esa cosa de fascinación con lo prohibido, con lo malo, pero están muy estereotipados los personajes. O sea, el narco no es Pablo Escobar, es un montón de otras cosas más que hay que mirar, pero nosotros en la televisión, en Sin tetas... por ejemplo, consumimos eso: el sicario aparece hipersexualizado, porque es la única manera de graficarlo. Se ha escrito mucho desde la crítica literaria sobre cómo a la hora de representar a ese otro la sexualidad te permite acercarte y a la vez determinarlo como otro. Entonces si ves lo que marcó la sicaresca (que mezcla la palabra sicario con la palabra picaresca), encuentras que aparece este personaje como híper sexualizado.


–¿Y cómo engancha eso con el discurso de la seguridad y la inseguridad urbanas?

–Es que el narco se va volviendo ese otro claramente. Más allá de la realidad de la expansión del narcotráfico y los consumos y los nuevos mercados, a nivel de la construcción simbólica el discurso del narcotráfico sirve para criminalizar todo. ¿Dónde están los narquitos? En las villas o las comunas, ahí están los sicarios. Pero lo interesante sería saber, por ejemplo, cómo este colombiano que murió en el yate llegó acá, quiénes son sus enlaces argentinos, sus contactos, qué otros muertos debe haber alrededor de ese muerto. O sea, si ese chico hubiera sido argentino, por ahí a nadie se le habría ocurrido vincularlo con el narcotráfico. Es muy fácil decir cómo el narco es eso otro que nos pasa, cuando no es así, porque tiene que haber vínculos muy fuertes con lazos locales. Pero desde los medios se puede articular esa cosa de "nos llegaron los colombianos", "oh, qué terrible, nos llegó el narco". Y desde esa misma lógica el narcotráfico sirve muy bien para enganchar con el tema de la seguridad: no te hace pensar en la desigualdad, por ejemplo. No estoy negando lo otro, pero lo que estoy diciendo es que resulta útil. Para pensar en la cuestión de seguridad en los países latinoamericanos hay que pensar cómo vive la gente de la villa. Y sí, de pronto se dan paco. Y sí, de pronto cuando te afanan están llenos de paco y están sacados, pero eso no es porque el narcotráfico de Colombia te invadió, sino porque tienes una historia de desigualdad. De alguna manera el narcotráfico te da una oportunidad para todos estos discursos.

En el día internacional de la mujer

Posted: sábado 18 de abril de 2009
¿La letra con sangre entra?




Eva Giberti

Los mecanismos opresores de la vida de las mujeres comenzaron a denunciarse en décadas anteriores. Los movimientos de mujeres y el feminismo cerraron filas y avanzaron en la construcción de sus denuncias y en la promoción de políticas públicas. Así fueron cayendo paulatinamente –si bien no para todas las mujeres– las legislaciones discriminatorias y limitantes.


La opresión –palabra del siglo quince que viene del latín exprimir, estrujar y apretar– es de aparición tardía en su significación actual, políticamente relevante para indicar el sojuzgamiento al cual se somete a personas y poblaciones que carecen de defensa. Hoy, un paradigma de la opresión del género mujer reside en matarlas, golpearlas, esclavizarlas mediante la trata sexual, abusarlas y violarlas desde que son niñas.


Esas prácticas no constituyen novedad. Lo paradojal reside en que, a la par de los derechos que se conquistan, se evidencia como dato internacional la persistencia de violencias delictivas contra las mujeres.


¿Existirá un aumento de violencias o ahora se habla más de ello? Es la duda que nos plantean cada vez que se asesina a una mujer o que se viola a una niña. Me pregunto cuánto importa saber cuál es la respuesta, acerca de la proporcionalidad histórica de los delitos, porque esta índole de preguntas desenfoca la gravedad del tema buscando referencias en épocas anteriores. Conocer estos datos sin duda interesa y resulta sumamente valioso para quienes construyen estadísticas comparativas, pero de dudosa eficacia cuando se trata de analizar ideologías referidas al género mujer. Sabemos que las acciones concretas en el aquí y ahora, como proponen y sostienen las convenciones internacionales referidas a las distintas formas de violencias contra las mujeres y la necesidad de erradicarlas y prevenirlas, han contribuido a alentar las denuncias de las víctimas y a incentivar la prevención, o sea, instalaron una manera de pensar y de impulsar legalidades.


Asistimos al contraste vital entre el reconocimiento jurídico y vital de los peligros y riesgos que las distintas formas de violencia abarcan. Y las violencias concretas masculinamente desatadas contra las mujeres.


No estamos frente a nuevas formas de opresión –las históricas se mantienen impertérritas para millones de mujeres–, sino ante la práctica de atacar sus cuerpos al costo de sus propias vidas. Siempre sucedió de ese modo y aún peor: las quemaban en hogueras públicas acusándolas como brujas.


Pero no existía un pensamiento legal acerca de sus derechos a la libertad y a la dignidad, principios que probablemente constituyen fuente de inspiración actual para violadores, golpeadores y femicidas. Cada vez les resulta más difícil tolerarlo.


Los ataques a las mujeres localizados en sus cuerpos no inauguran un estilo, lo consagran como oposición triunfante frente al reconocimiento legal de nuestros derechos. Configuran delitos contra la libertad, la dignidad y la integridad de la persona.


Podremos continuar ganado espacios legales y políticos mientras un universo masculino enarbola su violencia como cliente de las mujeres esclavizadas en la trata, viola diariamente a niñas y adolescentes y mata a sus compañeras "en raptos pasionales" o porque la joven secuestrada para divertirse no soportó la sobredosis de droga que le habían suministrado para "utilizarla" entre varios (In memoriam Catamarca). O el atacante se sumerge en la negación –tolerada por quienes debieron juzgarlo– de su violencia fecundante (en el Nombre de Romina).


¿Acaso mi tesis sostiene que se incrementan estas violencias sobre los cuerpos de las mujeres porque un sector de la masculinidad no tolera los avances en el logro de derechos y el aumento de denuncias, debido a que se han achicado o perdido varios miedos que silenciaban a las víctimas? Y cada vez con mayor frecuencia se enfrenta jurídica y policialmente al violador y al golpeador?


La idea no alcanza para diseñar una tesis, sólo autoriza una doméstica correlación, por una parte los todavía insuficientes avances de los derechos del género y por otra nos informamos de los delitos que se ensañan en los cuerpos de las mujeres atacados con distintas estrategias.


La perspectiva es objetable porque también podría oponer la ganancia de los derechos frente a las expresiones que diariamente escuchamos en radio y tevé ejerciendo violencia verbal a raudales, con frecuencia contra las mujeres cuyo trabajo técnico las posiciona inevitablemente en esos ámbitos. A las que se viola simbólicamente en el crudo abuso de poder. No se ataca sus cuerpos sino su inteligencia y capacidad profesional, es otra manera de intervenir activamente en la estructura de las violencias.


Violencias que además del propio placer buscan activar –para nosotras– la identidad de la víctima: enseñarnos, de una buena vez (y si fuera posible para siempre), quiénes son los que pueden y mandan; aprendizaje que conviene llevar a cabo según la conocida admonición: "la letra con sangre entra".


Cuando el delito se llama femicidio, se espera que la lección sirva para otras, que no aprenden lo necesario, puesto que las muertes de mujeres en manos de varones ilustra las noticias con insoportable frecuencia.


Esta tradicional forma de violencia hoy puede recortarse políticamente en la categoría de las opresiones; esta posición nos permite evaluar de manera más refinada los enjuiciamientos a los responsables y las estrategias preventivas. Así como interpretar la sugestiva aplicación de sanciones redentoras –o la indiferencia ante falta de legislaciones actualizadas–, así como la naturalización de algunos de sus delitos (violaciones y abusos) que promueven el lugar de víctima mujer, políticamente necesario para muchos para quienes homicidas, violadores y clientes son los mediadores activos de las políticas de opresión. Está en juego nuestra libertad, nuestra integridad personal y nuestra dignidad en cada una de las defensas que ensayamos cuando de nuestros derechos se trata. Y siempre pendiente escuchamos las voces definitivamente apagadas de quienes ya no están o, en silencio obligado, cada día, gritan.

Test. ¿Mantienes una buena conducta alimentaria?

Posted: sábado 4 de abril de 2009
¿Te encuentras demasiado gorda o no estás satisfecha con tu figura?¿Eso te causa problemas a la hora de comer?
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Son muchas las personas que, sobre todo mujeres, insatisfechas con su propio cuerpo, tienden a caer en malas conductas alimentarias que pueden extremarse y desencadenar en trastornos de extrema gravedad como la anorexia y la bulimia.
Este cuestionario te permitirá valorar cómo es tu conducta alimentaria y ponerle remedio o pedir ayuda si es que lo necesitas.
Estas preguntas, basadas en el test realizado por el psiquiatra Vicente J. Turón, especialista en enfermedades alimentarias, no tienen ningún valor diagnóstico ni sirven para cuantificar el grado de trastorno alimentario si es que lo hay. Únicamente sirve de orientación.
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Test de autoevaluación
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1.- Paso demasiado tiempo pensando en la comida
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
2.- No me gusta comer en restaurantes
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
3.- Me preocupa la idea de tener grasa en el cuerpo
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
4.- Siento remordimientos a la hora de comer dulces
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
5.- No me visto con ropas ajustadas
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
6.- Tengo en cuenta las calorías que como
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
7.- Los demás piensan que estoy demasiado delgada
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
8.- Aunque sienta hambre, no como
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
9.- Tomo laxantes
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
10.- A menudo pienso en hacer dieta para adelgazar
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
11.- Los demás me insisten en que coma
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
12.- Me resisto a comer pasta, arroz, patatas o dulces
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
13 .- Me preocupa mucho el deseo por estar delgada
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
14.- Me peso a menudo y doy importancia a mi peso
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
15.- Vomito después de comer
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
16.- Suelo comer alimentos dietéticos o de régimen
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
17.- No me gustan las horas de comer
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
18.- Todo el mundo quiere que coma más
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
19.- Cuando hago ejercicio pienso en que estoy quemando calorías
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
20.- Pienso que la comida controla mi vida
estoy de acuerdo
no estoy de acuerdo
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El test es un termómetro de valoración. Cada vez que respondes “Estoy de acuerdo” sumas un punto. Si respondes “No estoy de acuerdo”, no sumas ninguno.
De un total de 20 preguntas, se establece una escala de 1 al 20, que va de la mejor puntuación total (1 punto) a la peor conducta alimentaria (20 puntos).
Se considera el peor resultado -mala conducta alimentaria- cuanto más se aproxime a la veintena el número de respuestas correspondientes a “Estoy de acuerdo”.
El mejor resultado -buena conducta alimentaria- corresponde a una sola respuesta de “Estoy de acuerdo”.

No esperar

Posted: martes 17 de marzo de 2009
Una escueta y burocrática respuesta al pedido de una "maestra tortillera", solicitando días de clase para participar en un congreso, dispara una reflexión sobre ese tiempo suspendido que impone la espera como un mecanismo domesticador
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Valeria Flores

El 19 de diciembre del año pasado, último día de trabajo en la escuela, recibo una nota de la Dirección Provincial de Enseñanza Primaria. Era la respuesta a una solicitud que había presentado en junio, peticionando el no cómputo de inasistencias para poder participar como expositora en las IX Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres y IV Congreso Iberoamericano de Estudios de Género, que se realizaría en Rosario durante los primeros días de agosto. Las maestras en Neuquén tenemos 6 días de licencia al año para concurrir a capacitaciones y yo había agotado más de la mitad de esa licencia, por lo cual me faltaba cubrir un día para asistir a dicho congreso. Participé del mismo con un escrito titulado: "El armario de la maestra tortillera. Políticas corporales y sexuales en la enseñanza", en el que se expresa mi identidad sexual como lesbiana y las implicancias que tiene el identificarse con una elección sexual diferente a la (he-tero) normativa en el trabajo docente. Casi 6 meses después, el Consejo Provincial de Educación me respondía de forma negativa a mi solicitud, con el argumento central de que "la temática abordada no está comprendida dentro de los lineamientos pedagógicos establecidos por el CPE y no son pertinentes a las actividades de índole cultural, científica y educativa que contemplan desarrollarse en el ámbito educativo".

¿No es pertinente una maestra lesbiana? ¿O lo no pertinente es que reflexione sobre su identidad sexual con relación a su trabajo? ¿O que escriba un término injurioso para referirse a sí misma? ¿O que lo escriba en referencia a un ámbito tan asexuado o heterosexuado como la escuela? Y así podríamos continuar interrogándosenos acerca de lo "impertinente" del caso.

Sin embargo, más allá del correspondiente reclamo por discriminación que inicié apenas recibida la nota, las resonancias de este hecho en el orden de mi temporalidad me afectaron profundamente. Un término que se reiteró en cada instancia a la que demandé alguna explicación o acción; una fuerza que transformaba las horas en surcos de anestesia sobre la indomable fluidez vital: esperar. Esperar que contesten la nota, esperar que se abra el expediente, esperar que pasen las vacaciones, esperar que circule el expediente, esperar que lo vean lxs vocales del CPE, esperar que cada unx se tome 20 días para decidir, esperar la opinión de unx expertx, esperar que decidan sobre mí, esperar que sea prioridad política (eufemismo para referirse a decisión política), esperar las condiciones, esperar que las cosas cambien, esperar que llegue el momento, esperar la resolución de las urgencias, esperar que me juzguen, esperar la próxima sesión del cuerpo colegiado. Esperar. No obstante, mi madre y mi padre no esperaban tener una hija lesbiana, en la escuela no esperaban tener una docente lesbiana, en la calle no esperan ver besarse a dos lesbianas, la gente no espera que hagas público tu deseo lésbico, los machos no esperan que las lesbianas ocupemos su territorio, las chicas bien no esperan verse atraídas por lesbianas, los trabajadores no esperan que entre sus filas haya lesbianas, tu ginecóloga no espera que su paciente les diga que no toma anticonceptivos porque es lesbiana. Y así transcurre la vida, entre una interminable lista de esperas y sucesos inesperados. Hay múltiples formas de la espera, no obstante lo que me irritó fue que nuevamente me vi despojada de mis decisiones, de mis elecciones, de mis deseos, de mi capacidad de actuar. Esperar es, justamente, "no comenzar a actuar hasta que suceda algo". Como un modo de obediencia sujeta a los designios de los otros. Como parte de un código de género que modela el sistema sensorial de tu cuerpo y hace de la espera un registro natural en el que tu propia vida queda suspendida en una maraña de normas, leyes y creencias que te distancian de vos, una lejanía que se ata a algún lugar de poder que te es ajeno. Esperar no es sólo el tiempo naturalizado de la pasividad, es también espacio de un cuerpo cuya identidad se desprecia y se conmina al silencio y la exclusión. En la topografía de la espera hay cadáveres, cicatrices, mutilaciones, moretones, llagas, llantos, soledad, sangre. No hay apetito en la espera, sólo reflejo alimentario. Y yo, como muchxs otrxs, como aquel 19 y 20 de diciembre de 2001, hace tiempo que tenemos urgencia de saciedad, de enarbolada avidez. Por eso, con el afán diligente por restituirme la capacidad de acción, la facultad de no esperar asoma insolente entre las líneas de la burocracia estatal.

¿Quién dijo que era simple?

Posted: viernes 6 de marzo de 2009
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se reúnen antes de marchar
hablando de las problemáticas muchachas
que contratan para quedar libres.
Un empleado casi blanco posterga
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama
veo causas en el color
además de en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobrevivirá
a todas estas liberaciones.

Cuestión de costumbre

Posted: lunes 23 de febrero de 2009

Mariana Docampo

Kristin es alemana. Con el correr de los años, se hizo con cierta facilidad de algunas propiedades en la Argentina. Yo era la encargada de llevarle los asuntos administrativos, ocuparme del alquiler de sus casas cada vez que ella se iba a Munich. El día que me contrató, me encomendó la cobranza de su departamento de la calle Honduras y me dijo: "Ahí vive Ariel, llamalo y combiná con él". Llegado el día, llamé y me atendió Ariel, que tenía voz aflautada. De puro prejuiciosa me dije: "Este es gay", y le pregunté si podía pasar a hacer el pago por el colegio donde yo daba clases. Ariel tuvo la delicadeza de llamarme al celular cuando llegó a la puerta y decirme que saliera yo en vez de entrar él. No entendí bien por qué lo hacía, pero salí a buscarlo. Y allí, para mi sorpresa, noté que Ariel tenía dos grandes pechos debajo de la remera lisa, y un pelo rubio y largo atado en una colita. No llevaba maquillaje y tenía pantalones tipo bombilla y una gorra en la cabeza. Los de seguridad del colegio se miraban entre sí y sonreían, y al rato comenzaron a observarnos con inquietud. Respiré hondo y le pregunté cómo se llamaba. "Mariela", respondió, con una sonrisa cautelosa. Sin dar explicaciones, le pedí disculpas por haberla llamado Ariel. Ella me contestó que no me preocupase, "que entendía", no sé bien qué, que estaba acostumbrada. Cuando me llamó Kristin desde Munich para controlar mis actividades, le dije: "Pero, ¿cómo no me avisaste que 'Ariel' no es Ariel sino Mariela, y que es una travesti?". Sentí enojo por la manera en que Kristin había suprimido la identidad de Mariela, sobre todo porque ella misma es lesbiana. Sin dar importancia a lo que yo le decía, mi jefa pasó a otro tema. Al siguiente mes le pedí a Mariela que viniera directamente a casa a pagar el alquiler, no me sentía capaz de afrontar otra vez a los de seguridad del colegio, y la verdad es que tenía ganas de ver a Mariela ataviada libremente y de intercambiar con ella algunas palabras cómodas. Llegó con el pelo suelto, unos jeans muy ajustados y un pronunciado escote. Nuestra conversación duró poco, pero en el transcurso de esos minutos cuatro hombres que pasaban por allí se dieron vuelta, sucesivamente, y sin el menor registro de mi presencia miraron a Mariela con ostentación, le hicieron gestos obscenos y le dirigieron palabras brutales que pasaban vertiginosamente del deseo a la violencia. Lamenté la cobardía que me llevó a no intervenir, pero cuando Mariela notó mi frustración, me dijo: "Dejalos, ya estoy acostumbrada, no hay que darles bolilla". Este relato es lo que es. Triste por habitual. Y porque revela el estado de cosas que en horas de irrealidad imaginé que ya habíamos dejado atrás.

Nelson Castro y sus puntos de vista. Días de radio.

Posted: domingo 8 de febrero de 2009
Horacio Verbitsky

Electroingeniería se molestó por una nota de Nelson Castro sobre dos de las obras que construyó en la Patagonia, La Nación no abre sus páginas a investigaciones independientes sobre las sociedades en paraísos fiscales que forman parte de su paquete accionario, ni Clarín acerca de la propiedad de sus cables o el derrame de efluentes de su papelera en el río Baradero. La diferencia es que en este momento sólo la empresa propietaria de radio Del Plata es al mismo tiempo contratista de obra pública con el Estado. Castro dijo que las explicaciones de la empresa sobre el costo diferente de las líneas de alta tensión que tendió en Chubut y en Santa Cruz eran convincentes y atribuyó lo sucedido a no identificadas presiones oficiales. El beneficio que el gobierno pudiera obtener por el alejamiento temporario de un periodista crítico como Castro, quien podrá seguir su labor en otro medio, es menor en comparación con el daño que le causa la verosimilitud de la denuncia. O el gobierno no tuvo intervención o no conoce bien su propia conveniencia. La única forma segura de proteger la libertad de expresión de cualquier arbitrariedad es acabar con la promiscuidad entre medios de comunicación y negocios con el Estado, para lo cual la sanción de una nueva ley de servicios audiovisuales ofrece la oportunidad.

La posada

Posted: viernes 23 de enero de 2009
Nasrudin (el tonto en los cuentos sufis) fue al palacio del rey y se presentó directamente ante el trono. Vestía de una forma tan poco convencional que nadie se atrevió a detenerlo. El rey le preguntó: “¿qué buscas?”
Nasrudin contestó: “Busco un lugar para dormir en esta posada”
El rey contestó: “Esto no es ninguna posada, es mi palacio”
Nasrudin volvió a preguntar: “¿De quién era el palacio antes de ser tuyo?”
“De mi padre” Dijo el rey
“¿Y antes de tu padre?”
“De mi abuelo”
“¿Y este lugar, donde la gente viene y va, donde se quedan un tiempo y después desaparecen, lo llamas con otro nombre que no sea posada?”

La ostra y la perla

Posted: jueves 8 de enero de 2009

Una ostra, yaciendo abierta en el fondo del océano, sintió que una perla suelta pasaba sobre ella.

La ostra cerró su concha y la perla cayó en la grieta de una roca.

Después de un tremendo esfuerzo, la ostra logró rescatar la perla y la colocó a su lado, en una hoja. Pensó: “este soborno puede evitar que los cazadores de perlas me lleven”, ya que algo sabía sobre los hombres que buscaban perlas.

Cuando más tarde un cazador de perlas se acercó, sus ojos estaban alertas para distinguir ostras, no perlas sueltas. Así que tomó la ostra, que no contenía perla alguna…y la verdadera perla se quedó allí, en el fondo del océano.

La perla pensó que la gente sólo ve aquello que le han enseñado a ver, que la mirada está condicionada por el peso de la educación y la cultura, entre otras cosas.

Incluso dedujo que el ser humano carece de capacidad de elección, ya que siempre elige lo que le han enseñado (o condicionado) a elegir.

Atrévete

Posted: viernes 2 de enero de 2009
Y si yo te amara
aún más que tus tinieblas
y si te amara
apartando el engaño
el sabor
la cólera

Y si yo te amara
impaciente de vos
y si te amara
partiendo en tus labios
hundiéndote en mis ganas
en mi espacio

Y si yo te amara
despojando el olvido
y si te amara
sin voces ajenas
y si yo te amara
tú...
qué harías con ella

Lenguaje

Posted: miércoles 10 de diciembre de 2008

Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
y
áureas y serpentientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar por el sonido y la furia del espectáculo..
Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérren
secomo dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza.

Me sirve y no

Posted: sábado 29 de noviembre de 2008

La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve.
No me sirve tan mansa
la esperanza
la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve
no me sirve tan sabia tanta rabia.